jueves, 21 de mayo de 2009

Estrés

En realidad es también un viejo conocido. Se podría decir que las situaciones estresantes son intrínsecas a la propia vida. Es cierto que en el mundo actual todos estamos un poco "atacados" por estas cuestiones, pero es evidente que desde el principio de los tiempos ha habido estrés. Y si no que le pregunten a los primeros homínidos, qué sentían cuando se veían acosados por un potencial depredador. La diferencia, notable, con aquellas experiencias, puede encontrarse en la duración del fenómeno, en que hoy día muchas personas viven estresadas, en que las situaciones que generan el estrés pueden durar días, semanas e incluso años. En que hoy día, las causas pueden ser múltiples a un mismo tiempo. Y en que los especialistas han podido constatar relaciones entre el estrés y otras enfermedades. Una vez más el tiempo resulta decisivo.

La respuesta del organismo a los estímulos internos y externos, va desde la apacibilidad más apática hasta el frenetismo caótico, dependiendo de muchos aspectos. Pero hay un hilo conductor, todos los estímulos repercuten sobre nuestros receptores, y será la capacidad de respuesta la que determinará el punto en el que nos encontramos.

No hay estrés sin activación. No obstante, la simple activación no supone negatividad alguna. El organismo está preparado para responder a requerimientos diversos dentro de la normalidad. Habría más bien que establecer un límite de activación, a partir del cual el organismo trabaja en permitir que el sujeto desarrolle un mayor y creciente esfuerzo, y que podría calificarse como estrés positivo; y un segundo límite de contención, a partir del que comienzan las consecuencias negativas, y es por tanto, cuando el organismo empieza a perder el control por ser incapaz de asumir el ritmo que se le exige.

Cada persona tiene sus características propias, no todos los sujetos responden con una crisis nerviosa ante una amenaza. Hay sujetos más sensibles, más nerviosos, más débiles, … que tendrán un umbral mucho menor de respuesta. Por otro lado, los estímulos pueden desbordar por cantidad o calidad. Y lo que puede ser representado como un estrés asumible para un individuo, puede convertirse en amenaza para este mismo individuo, por el agotamiento que conlleva el simple paso del tiempo.

Afortunadamente para quienes tengan ganas de aprender, existen muchas publicaciones en todos los idiomas sobre estos temas. Puedo apuntar las siguientes, que me parecen interesantes:


· González de Rivera (1993).- Leyes del Estrés: “Cuando el grado de estimulación ambiental supera los niveles en los que el organismo responde con eficacia, el individuo percibe la situación como nociva, peligrosa o desagradable, desencadenando una reacción de lucha-huida y/o una reacción de estrés, con hipersecreción de catecolaminas y cortisol.”
· Cannon (1932).- “Estrés son las influencias del medio externo que exigen un esfuerzo inhabitual de los mecanismos homeostáticos encargados de mantener la constancia del medio interno.”
· Mason (1968).- “La actividad emocional es el primer agente mediador sobre el hipotálamo, responsable a su vez de la actividad endocrina, propia de la reacción biológica del estrés.”

Como he dicho hay mucha literatura, y yo diría que la conclusión de su lectura, lleva a considerar el estrés “como una particular relación de la persona y su entorno, que es evaluada por esta como gravosa o que excede a sus recursos, y que arriesga su bienestar o salud.” (Lazarus y Folkman 1966). No teniendo muy clara, en general, la distinción entre lo bueno y lo malo del estrés. Así, Lader (1971) afirma que el concepto del estrés es más filosófico que científico, porque considera que implica valores y modelos de vida en relación con la cultura, extendiendo la reacción propia del estrés a una necesaria adaptación del individuo, por tanto buena, en tanto no se prolongue en demasía.

No se puede estudiar el estrés, o al menos definir los parámetros de medición, sin atender a cuestiones particulares de la persona, o bien de un grupo de personas, como biorritmo, salud, carácter, inteligencia, profesión, entorno social,…

Pero una vez superado el análisis de las cuestiones individuales, o colectivas, y aceptado que un suceso desencadenante puede simplemente no serlo, dependiendo del sujeto o de las circunstancias. El comportamiento a nivel orgánico puede simplificarse bastante, ya que los recursos para afrontar los distintos esfuerzos son básicamente los mismos, con excepción quizá de la resistencia mayor o menor, que puede afectar al momento en que la situación se torne negativa.

Y así, y después de este paseo por las complejidades del estrés, y de las que mi planteamiento es un simple bosquejo, para el cual me he servido de la accidental colaboración de mi “primo” Jesús Medialdea Cruz, al cual por cierto no conozco, pero que publicando su tesis “Aspectos de la personalidad y factores estresantes en pilotos de avión: Repercusión en el sistema inmunológico” me ha permitido ilustrarme con guía en los aspectos médicos de la cuestión. Se puede, una vez comprendido el tema desde todos los puntos, extraer las siguientes simplicidades como obvias:

1.- El estrés es bueno, mientras consigamos mantener en equilibrio nuestro organismo. Todos podemos entender que una “cierta” activación nos permite ampliar nuestra capacidad física y mental. Y que incluso incrementa nuestra capacidad de satisfacción. Por lo que debe repercutir positivamente también en nuestra salud.

2.- El estrés es malo, cuando conlleva desequilibrio. Si la activación dura más de lo que podemos soportar razonablemente, o es superior a nuestra capacidad de respuesta, puede desencadenar un desorden a nivel orgánico. Y aunque no puede establecerse con claridad la relación con unas u otras enfermedades, sí queda claro que cuanto mayor sea el desorden, mayor será la exposición del individuo a posibles consecuencias negativas.

Disponemos de unos recursos propios, pero debemos emplearlos a un ritmo adecuado y durante un tiempo adecuado. Me viene a la memoria aquella película en la que Bruce Willis interpretaba al “Gran Halcón”, y en la que él y su cómplice de robos, elegían una canción que se adecuara en tiempo al requerido para el atraco.

Muchas personas estamos "fuera de ritmo", aunque sólo sea ocasionalmente. A algunos les recomendaría que visitaran a un especialista, y se dejaran medicar para poder mantener un “ritmo” adecuado. Porque conseguirán tomarse con mejor disposición y concentración, las cuestiones que habitualmente les desbordan. A otros les recomendaría que leyesen el libro “Más Platón y menos Prozac”, porque son más capaces de dirigir y controlar los impulsos excesivos, una vez que los reconozcan. A todos les recomendaría, que se tomen un tiempo para mirarse al espejo y entenderse.

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1 comentarios:

A las 22 de mayo de 2009 a las 16:15 , Anonymous Alberto ha dicho...

Creo que has puesto el dedo en la llaga, ya que el actual ritmo de vida que llevamos (y nos exigen llevar) son el principal causante de esto que todos algunas vez hemos y seguimos experimentando en mayor o menor grado y lamentablemente con mayor frecuencia. Voy a ver si leo alguno de los libros que nos recomiendas

 

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