miércoles, 27 de mayo de 2009

Felicidad


He leído. He pensado. He vuelto a pensar muchas veces, y a dejar que lo leído y pensado revoloteara libremente, en la esperanza de que dibujara por sí mismo algunos atisbos de lucidez en mi mente. Sé que lo que busco es una sintonía compleja, pero además "necesariamente" completa. Preveo que el mayor de los inconvenientes va a ser la dificultad de entendimiento, y por tanto también de comunicación. No quiero negar que ante la avalancha de cuestiones, y la magnitud del problema que representa el pretender simplificar la "felicidad", he tenido que vencer el impulso de aceptar que “el hombre no es concebido para la felicidad, sino que está destinado a sufrir" (Nietzsche).

Muchos de los autores y pensadores han dado en los clavos, pero no han visto el mueble. Y debo pedir perdón al decirlo. Pero a todos les tengo que contestar “sí, pero…, y sin embargo se mueve”, como añadió aquel ilustre candidato a la hoguera.

Voy a intentar que mi explicación siga un trazado, para minimizar en lo posible las pérdidas. De modo que sin alejarme demasiado de lo conocido y aceptado, pero en diferentes momentos y perspectivas, vaya configurando un resultado tal vez sinuoso pero suficientemente claro. Y, para ello, lo primero que voy a hacer es pegarle un manotazo a la mesa, y hacer volar por los aires muchos años de historia y pensamiento. Porque, como a menudo ocurre, la esencia de lo que se buscaba está ahí delante de nuestras narices, y lo que hacía falta no era armar tanto ruido sino saber escuchar.


I.- FILOSOFÍA

Aristóteles, plantea que todos los hombres están de acuerdo en llamar felicidad a la unidad presupuesta de los fines humanos, el bien supremo, el fin último, pero que es difícil definirla y describirla. De ahí surge la divergencia de opiniones respecto a cómo entender la felicidad; placer para algunos; honores para otros; riqueza, de acuerdo a otros puntos de vista. No obstante, para Aristóteles, éstos no son más que bienes externos que no son perseguidos por sí mismos, sino por ser medios para alcanzar la felicidad, ya que es ésta la única que se basta a sí misma para ser autárquica y perfecta. Los demás bienes externos se buscan porque pueden acercarnos más a la felicidad, aunque su posesión no implica que seamos íntegramente felices. Puesto que no por poseer riquezas garantizamos nuestra felicidad. Tampoco solamente la consecución del placer nos hace felices. Normalmente necesitamos algo más para serlo y eso nos distingue de los animales. Sin embargo, aunque estos bienes particulares no basten, ayudan, y en esto Aristóteles mantiene una postura moral bastante desmitificada y realista, el bien no puede ser algo ilusorio e inalcanzable. Sin ciertos bienes la felicidad será casi imposible de alcanzar. Para Aristóteles la felicidad humana se basa en la autorrealización dentro de un colectivo humano, adquirida mediante el ejercicio de la virtud.


Martin Seligman, uno de los fundadores de la psicología positiva, menciona en su libro “felicidad auténtica”, que la felicidad es como un conjunto de:
Emociones positivas: Tales como éxtasis y la comodidad.
Actividades positivas: Tales como la concentración y el cumplimiento de nuestras tareas.
Este autor, presenta tres categorías de emociones positivas relacionadas con el pasado, presente y futuro:
Las emociones positivas referentes al pasado incluyen la satisfacción, la alegría, el orgullo y la serenidad.
Las emociones positivas referentes al futuro incluyen optimismo, esperanza y confianza.
Las emociones positivas sobre el presente se dividen en dos categorías que sean perceptiblemente diferentes:
· Los placeres: los corporales y más altos son “placeres del momento” e implican generalmente un cierto estímulo externo.
· Satisfacciones: Las satisfacciones implican la consecución del objetivo por el cual hemos trabajado.


II.- RELIGIÓN
Para la mayoría de las religiones, la felicidad sólo se logra en la unión con Dios. No es posible ser feliz sin esta comunión. Siendo la felicidad considerada como la obtención definitiva de la plenitud y el estado de satisfacción de todo tipo de necesidades, y es alcanzable sólo en ese grado después de la muerte. Sin embargo, hay diferentes puntos de vista según la religión que examinemos. Para el cristianismo se expresa en la vivencia de las bienaventuranzas y las enseñanzas de la Biblia (especialmente los evangelios) y en el seguimiento y comunión con Cristo resucitado a través del Espíritu Santo. Muy semejante a esto es el camino musulmán. El hinduismo a pesar de tener una revelación divina distinta de la cristiana y musulmana, plantea la felicidad como un estado permanente del alma humana eterna que debe ser descubierto (iluminación), y que lleva a la vivencia natural de la felicidad. No se alcanza por obras sino que las obras son consecuencia y deber de ese estado "descubierto" que lleva al hombre a descubrir la unidad esencial de su alma con el espíritu universal (Dios), y con todas las almas. En conclusión la felicidad en religiones como la cristiana, musulmana o hindú es comunión lograda o descubierta, tarea del ser humano y gracia del Dios Creador.
La excepción entre las grandes religiones organizadas del mundo la constituye el budismo, que aunque es una religión emparentada históricamente con el hinduismo, sin embargo es no-teísta, al no existir ni un creador, ni un alma. El budismo considera que la felicidad duradera se alcanza al erradicar el anhelo ansioso, lo que a su vez se consigue solo al "despertar" de la ilusión del "yo", es decir, el mantenerse consciente y atento a la auténtica naturaleza de la vida y la existencia.

III.- FISIOLOGÍA
La Amigdala cerebral y el hipotálamo, son regiones que cooperan para la transición de las emociones. El neocortex racionaliza los recursos de los que disponemos. Son dos áreas incompatibles con miles de años de evolución entre ambos, que usan la conciencia como medio de comunicación para poner solución a las demandas bilaterales. Es como si dos personas se pusieran de acuerdo para solucionar sus problemas personales en un centro de arbitraje: eso es la conciencia, el lugar donde las emociones y la racionalidad se hacen compatibles. Por lo tanto, se hace evidente que, para que nuestro sistema límbico informe ese estado predilecto de felicidad, es indispensable que tengamos una conciencia capaz de acallar a las dos partes en disputa. Si solo acallamos a una, la voz de la otra no nos dejará tranquilos, y en consecuencia nuestro sistema límbico nos informará de una aproximación de lo que es la felicidad: La estimulación por catecolaminas. El resultado es cualquiera de los estados asociados a este neurotransmisor, y que va a depender de la interpretación que le de nuestro administrador de recursos (conciencia).


Y hasta aquí mi selección. Me parece suficiente. Un enfoque racional a través de la filosofía, uno espiritual con diversas interpretaciones en función de cada religión, y otro físico a partir del conocimiento de elementos y funciones cerebrales. Todo ello para que seamos conscientes de la complejidad de lo que pretendemos “atrapar”. Y conscientes de que la felicidad depende, por un lado, de un gran número de variables externas, un ejemplo de lo cual sería la pirámide de Maslow que preside este artículo, como también depende, por otro lado, de la interpretación que aporta la interacción de los sistemas propios internos, sobre la que será innegable el efecto de nuestra propia decisión.



ME SIENTO FELIZ, SOY FELIZ
Estamos dándole vueltas a un sentimiento, que según nos cuenta la experiencia histórica es tan apreciado y perseguido como difícil de conseguir. Y esto podemos confirmarlo mirando a nuestro alrededor. Pero ya hemos conseguido reducir a dos los sitios donde buscar, dentro y fuera.

Dentro, podemos entender mejor o peor el funcionamiento, pero las cosas fluyen por si solas. No debemos preocuparnos de intervenir directamente, aunque hemos de ser conscientes de que nuestra actuación fuera desencadena respuestas dentro. Y podemos seleccionar "inputs" más convenientes, ordenando nuestra conducta y pautas de vida.

Hemos relacionado antes, de forma esquemática, el “juego” entre la conciencia y las partes emocionales y racionales del cerebro, desde un punto de vista fisiológico. Hay un pero. Aunque acepto la moderación ejercida por la conciencia del individuo, tengo que advertir sobre la importancia del subconsciente. Si existe una frustración a nivel del subconsciente, el mensaje, aunque subliminal, puede transmitir dicha frustración al sujeto (Freud).

Fuera, básicamente, debemos darnos cuenta de que vivimos en una sociedad tremendamente competitiva, que premia y castiga. Que nos crea necesidades, y nos dirige. Porque hasta cierto punto, es imposible sustraerse al imperio de lo que está bien o mal a nuestro alrededor, de la conciencia social. Habremos hecho nuestra una escala de valores, a través de la educación, y nuestra memoria nos preserva de la posible liberación, de la falta de prejuicios. Me resultó muy frustrante, cuando examinaba las distintas propuestas filosóficas de “verdad”, y que yo pensaba valorar como un concepto absoluto, encontrarme con una corriente que la condicionaba a “la verdad que vean los demás”.

No creo que sea posible ni sensato liberarse de tal afectación. Debemos actuar según el modelo físico interno, moderando. Y esto implica dos acciones, reflexionar y tomar decisiones. ¿Hay que trabajar para estar sintiendo felicidad? Realmente no, o no para siempre. El camino fácil es dejarse llevar, automatizarlo, pero necesitamos aprender. Es decir, que necesitamos decidir, repetir y asentar nuestra propia posición actuando. Y necesitamos (fundamental) nuestra propia aceptación, y al menos parte de la aceptación de nuestro entorno.

Sí, señor Aristóteles, tenía usted razón cuando dijo que la felicidad parte de una pre-suposición que hacemos las personas, y que toma como referencia cuestiones materiales diversas y difíciles de conciliar, "porque somos algo iguales y algo diferentes". Pero tenía más razón cuando dijo que, en realidad, la felicidad no consiste en sí misma en la consecución de esos bienes externos. Porque, en realidad, "la felicidad se siente no se posee. Y seremos más felices cuando aceptemos lo que “ya” hemos conseguido disfrutando de ello". Después, lo que vayamos consiguiendo nos aportará nuevas satisfacciones que sabremos apreciar, porque ya nos sentíamos satisfechos.

Propongo un ejemplo. Tengo un coche normal, pero no me gusta, quiero el fenomenal deportivo que he visto pasar. No soy feliz. Sin embargo, cuando consiga el deportivo, ¿no querré otro mejor que vea pasar? Mal vamos. Porque, bajo esta suposición nunca estaré satisfecho. Siempre tendré más, pero nunca alcanzaré la satisfacción.

Ya sé que es un ejemplo muy material y muy sencillo. Pero ¿qué quereis?, hoy por hoy, vivimos en una sociedad materialista. Y además, la felicidad empieza por las cosas sencillas. ¿No os acordáis? Ya lo decía la abuela.

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